La mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús
4 de enero del 2026
En medio de la confusión espiritual de nuestro tiempo, han surgido ideas y actitudes que, aunque se presentan como compatibles con la fe, en realidad desfiguran el verdadero mensaje del Evangelio. Conceptos como una misericordia desligada del arrepentimiento, el temor a la cruz y un optimismo excesivo sobre la salvación universal pueden llevar a muchos católicos a vivir una fe cómoda pero alejada de la verdad. Conocer estos errores y aprender a evitarlos es fundamental para permanecer firmes en la auténtica doctrina de la Iglesia y en el camino de conversión que Cristo nos propone.
«“La verdadera fe católica no separa la misericordia del arrepentimiento, no huye de la cruz y no ignora la seriedad de la salvación”.»
Misericordia sin referencia al arrepentimiento
Para muchas personas hoy en día, «misericordia» significa:«A Dios le parece bien lo que estoy haciendo». Pero la verdadera misericordia no pasa por alto el pecado, lo presupone, lo ve como un problema serio, y ofrece una salida del mismo, el arrepentimiento. La misericordia de Dios es su manera de tendernos la mano y sacarnos del pecado. La misericordia de Dios no se genera jamás, si no existe un previo arrepentimiento, y si existe, después vendrá el perdón.
El arrepentimiento no es meramente un sentimiento superficial de culpa. Implica una transformación interior, un cambio de mentalidad y de corazón que nos impulsa a alejarnos del pecado y acercarnos a Dios. Es un acto de humildad en el que reconocemos nuestra fragilidad y nuestra necesidad de la misericordia divina.
Estaurofobia
El término estaurofobia tiene raíces griegas y se refiere al miedo a la Cruz (stauros = cruz + fobia = miedo).
En algunas personas ocurre porque asocian una cruz con un fallecido.
La estaurofobia hace que muchos duden en emitir correcciones dentro de la Iglesia. Hay mucho temor de insistir en cualquier demanda, requisito o incluso de emitir medidas correctoras. Cosas como estas podrían molestar a la gente y eso es uno de los peores resultados para los que temen cualquier tipo de sufrimiento, para ellos mismos o para los demás. La Iglesia no ve una cualidad redentora al insistir en las exigencias de la cruz.
Universalismo
El universalismo es la creencia de que la mayoría, si no todas las personas, al final se salvarán. Clemente de Alejandría (150-220 d.C.) fue el primer cristiano que publicó esta doctrina, aunque existen indicios de que luego de un tiempo renunció a ella para creer en el castigo eterno. Fue su discípulo, Orígenes (185-250 d.C.), el que desarrolló un tratamiento sistemático de la salvación que incluyó la reconciliación final de Satanás y sus demonios junto con todos los hombres.
El castigo del infierno, según Orígenes, era correctivo, no punitivo. A través del sufrimiento todos los hombres y demonios ejercerían su libre albedrío y se reconciliarían con Dios. Este concepto se conoce como “universalismo cosmológico”. El universalismo de Orígenes fue condenado por la iglesia en el Quinto Concilio Ecuménico de Constantinopla en 553 d.C. Los universalistas piensan que siendo Dios amoroso, no cumplirá su amenaza de la condenación eterna a todos los que no le acepten, y que al final perdonará a todos. Esto es contrario a las palabras de nuestro Señor, que atestigua que «muchos» están en el camino que lleva a la destrucción.
Autor: Francisco García Vicario
Suscríbete a EWTN España
Mantente al día con nuestras noticias más importantes y recibe contenido exclusivo directamente en tu correo electrónico.
Otras noticias












