Hasta el extremo del amor: 17 misioneros dieron su vida por Cristo en 2025
5 de enero del 2026
El Año Jubilar de la Esperanza quedará también marcado por el testimonio silencioso y el sacrificio supremo de quienes sellaron su fe con la sangre.
Durante 2025, 17 misioneros y agentes pastorales fueron asesinados en distintos lugares del mundo mientras ejercían su servicio evangelizador.
Así lo recoge el informe anual publicado el 30 de diciembre por Agencia Fides, que documenta la muerte violenta de cristianos católicos comprometidos en la misión pastoral. Con estas nuevas víctimas, asciende ya a 626 el número de misioneros asesinados desde el año 2000, una cifra que interpela profundamente a la conciencia de la Iglesia y del mundo.
“En 2025, mientras la Iglesia celebraba el Jubileo de la Esperanza, diecisiete misioneros sellaron con su sangre la certeza de que el Evangelio vale más que la vida misma.”
Una sangre que clama esperanza en medio del Jubileo
El informe de la Agencia Fides no se limita a una enumeración de nombres y lugares. Detrás de cada cifra hay una historia concreta de fidelidad, de servicio cotidiano y, en muchos casos, de presencia discreta entre los más pobres y vulnerables. Sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos fueron asesinados en contextos atravesados por la violencia armada, la criminalidad, los conflictos civiles o la pobreza extrema.
Lejos de buscar el martirio, estos hombres y mujeres permanecieron junto a sus comunidades, compartiendo su suerte hasta el final. En no pocos casos, su muerte se produjo mientras mediaban en conflictos, visitaban fieles, regresaban de actividades pastorales o simplemente permanecían en sus casas parroquiales. Su testimonio recuerda que la misión de la Iglesia sigue desarrollándose, en muchos lugares, en condiciones de alto riesgo.
África, el continente más herido
Una vez más, África encabeza la lista de regiones golpeadas por la violencia contra los misioneros. Diez de las diecisiete muertes registradas en 2025 se produjeron en este continente: seis sacerdotes, dos seminaristas y dos catequistas. Entre los casos más dolorosos se encuentran los de los catequistas Mathias Zongo y Christian Tientga, asesinados en Burkina Faso cuando se desplazaban en motocicleta cerca de Bondokuy.
En Nigeria, país especialmente castigado, fueron asesinados varios sacerdotes y seminaristas, entre ellos el párroco Sylvester Okechukwu, el joven seminarista Andrew Peter y el sacerdote Godfrey Chukwuma Oparaekwe, que perdió la vida al intentar mediar en una disputa familiar.
También en Nigeria fallecieron el sacerdote Matthew Eya y el seminarista Emmanuel Alabi, este último a causa de las heridas sufridas durante su secuestro. En Kenia, el sacerdote Alloyce Cheruiyot Bett murió tras recibir un disparo en el cuello durante un ataque armado.
En Sierra Leona, el sacerdote Augustine Dauda Amadu fue asesinado en su propio domicilio, mientras que el párroco Luka Jomo murió alcanzado por metralla de artillería, junto a dos jóvenes. El informe incorpora además el caso del sacerdote-farmacéutico Tobias Chukwujekwu Okonkwo, asesinado en Nigeria a finales de 2024, cuya muerte no había sido incluida en el balance anterior.
América: violencia que alcanza a sacerdotes y religiosas
El continente americano registró cuatro asesinatos en 2025: dos sacerdotes y dos religiosas. En Haití, las religiosas Evanette Onezaire y Jeanne Voltaire, de la congregación de las Pequeñas Hermanas de Santa Teresa del Niño Jesús, fueron asesinadas por bandas armadas en Mirebalais, una región asolada por la violencia y la ausencia de seguridad.
En México, el sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada, desaparecido a comienzos de octubre en el estado de Guerrero, fue hallado muerto días después entre las localidades de Zumpango y Mezcala, en una de las zonas más peligrosas del país. En Estados Unidos, el sacerdote Arul Carasala, párroco de la iglesia de los Santos Pedro y Pablo en Seneca, Kansas, fue asesinado a tiros dentro de su casa parroquial, un hecho que conmocionó a la comunidad católica local y recordó que la violencia no conoce fronteras.
Asia y Europa: la persecución no tiene fronteras
En Asia, el caso más estremecedor fue el del sacerdote birmano Donald Martin, de 44 años, primer sacerdote católico asesinado en el contexto del conflicto civil en Myanmar. Su cuerpo, mutilado y desfigurado, fue hallado el 14 de febrero en el complejo parroquial de Nuestra Señora de Lourdes, donde ejercía su ministerio. En Filipinas, el laico Mark Christian Malaca, docente católico, fue asesinado a tiros en noviembre por agresores desconocidos.
Europa tampoco quedó al margen. En Polonia, el sacerdote Grzegorz Dymek, de 58 años, fue encontrado estrangulado en la casa parroquial de Nuestra Señora de Fátima, parroquia en la que servía desde su fundación. Su muerte recordó que incluso en contextos aparentemente estables, el ministerio sacerdotal puede convertirse en testimonio extremo.
Un testimonio que interpela a toda la Iglesia
La Agencia Fides subraya que estas muertes no deben interpretarse solo como estadísticas, sino como signos de una Iglesia que sigue entregándose hasta el final. Muchos de estos misioneros no murieron explícitamente por odio directo a la fe, sino por haber elegido permanecer con su pueblo, compartir su suerte y no huir ante el peligro.
En pleno Jubileo de la Esperanza, su sangre se convierte en semilla de nuevos cristianos y en llamada urgente a la oración, la solidaridad y el compromiso por la paz. La Iglesia los recuerda no como víctimas pasivas, sino como testigos valientes del Evangelio, que creyeron que el amor de Cristo merece ser anunciado incluso a costa de la propia vida.
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