Un año de fe viva en Roma: más de tres millones de peregrinos acompañaron al Papa en el Vaticano durante 2025

5 de enero del 2026
Isabel

El año 2025 quedará grabado en la memoria de la Iglesia como un tiempo de gracia intensa, marcado por el Jubileo de la Esperanza, el tránsito a la Casa del Padre del Papa Francisco y la elección del Papa León XIV.


En ese contexto histórico y espiritual, el Vaticano se convirtió una vez más en el corazón palpitante de la fe católica, acogiendo a más de 3,1 millones de fieles que participaron en audiencias, celebraciones litúrgicas y encuentros pontificios a lo largo del año. Las cifras, difundidas oficialmente el 30 de diciembre, no son solo un balance estadístico, sino el reflejo visible de una Iglesia que camina, ora y espera unida.

“En 2025, mientras la Iglesia celebraba el Jubileo de la Esperanza, diecisiete misioneros sellaron con su sangre la certeza de que el Evangelio vale más que la vida misma.”

Un Jubileo marcado por la esperanza y la despedida


Según los datos publicados por la Santa Sede, el total de fieles que participaron en actos presididos por los pontífices en 2025 ascendió a 3.176.620 personas. Este número engloba dos pontificados muy distintos en duración, pero profundamente unidos por el mismo hilo conductor: la esperanza cristiana.


Durante los primeros meses del año, bajo el ministerio del Papa Francisco, se registró una participación de 262.820 fieles. En ese periodo, los encuentros más multitudinarios fueron los rezos del Ángelus dominical, que congregaron a 130.000 personas, seguidos de las celebraciones litúrgicas, con una asistencia de 62.000 fieles. Las audiencias generales y jubilares sumaron 60.500 participantes, mientras que las audiencias especiales reunieron a 10.320 personas.


Enero y febrero destacaron como los meses de mayor afluencia, en un clima todavía jubilar y con una fuerte presencia de peregrinos llegados a Roma para comenzar el año bajo el signo de la misericordia y la esperanza proclamadas por la Iglesia.



La fragilidad del Pastor y el silencio de marzo


Un dato significativo del balance anual es el mes de marzo, en el que no se celebraron ceremonias ni audiencias pontificias presididas por el Papa Francisco. La razón fue su prolongado ingreso en el Hospital Gemelli de Roma, un tiempo de prueba vivido por la Iglesia con especial intensidad espiritual.


Ese silencio público del Pontífice fue acompañado por una oleada de oración y cercanía por parte de los fieles, que siguieron sintiéndose unidos a su pastor incluso en la ausencia física. La disminución de actos en ese mes explica en parte la menor cifra global correspondiente al último tramo de su pontificado, sin restar significado al profundo vínculo espiritual mantenido con el pueblo de Dios.



La llegada de León XIV y una multitud en camino


Tras la elección del Papa León XIV en mayo de 2025, la respuesta de los fieles fue inmediata y masiva. En apenas unos meses de pontificado, la asistencia total a sus actos alcanzó la cifra de 2.913.800 personas, reflejando un notable impulso de participación eclesial.


Las audiencias generales y jubilares se situaron como el evento con mayor concurrencia, con 1.069.000 asistentes, seguidas de los rezos del Ángelus, que reunieron a 900.000 fieles. Las celebraciones litúrgicas presididas por el nuevo Pontífice congregaron a 796.500 personas, mientras que las audiencias especiales sumaron 148.300 participantes.


Los meses de septiembre, octubre y diciembre fueron los de mayor afluencia, destacando especialmente octubre por el elevado número de fieles presentes en las audiencias generales. Estos datos evidencian el fuerte deseo del Pueblo de Dios de escuchar, ver y caminar junto a su nuevo Pastor, en un momento decisivo para la vida de la Iglesia universal.



Más allá de las cifras: una Iglesia que peregrina


Aunque los números hablan de multitudes, el significado profundo de estos datos va más allá de lo cuantitativo. Cada cifra representa historias personales, peregrinaciones, silencios orantes en la Plaza de San Pedro, lágrimas de despedida y gestos de esperanza renovada. El Vaticano, una vez más, se convirtió en lugar de encuentro entre la fe vivida y la fe celebrada.



En un año atravesado por el dolor de la pérdida y la novedad de un nuevo comienzo, millones de fieles respondieron con presencia, oración y comunión. El Jubileo de la Esperanza no quedó reducido a un lema, sino que se hizo visible en una Iglesia en salida, que siguió acudiendo al encuentro del Sucesor de Pedro para escuchar una palabra que no defrauda.


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