Recuperar el corazón de la Navidad: claves para no perder el sentido cristiano ante la “paganización”
29 de diciembre del 2025
La Iglesia sigue avanzando hacia la clausura definitiva del Jubileo de la Esperanza 2025 con un gesto cargado de simbolismo espiritual. En la mañana de este 28 de diciembre, a las 10:00 horas, fue cerrada solemnemente la Puerta Santa de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros, tercera de las cuatro grandes basílicas romanas en concluir este Año Santo.
El rito estuvo presidido por el James Michael Harvey, arcipreste del templo dedicado al apóstol de los gentiles, y se convirtió en una profunda catequesis viva sobre el sentido auténtico de la esperanza cristiana.
Con este acto litúrgico, el Jubileo iniciado por el Papa Francisco y continuado bajo el pontificado del Papa León XIV va cerrando sus signos visibles, dejando a los fieles una misión clara: llevar al mundo la gracia recibida.
“La Puerta Santa se cierra, pero la esperanza permanece abierta allí donde un cristiano vive y da testimonio de Cristo.”
Un rito cargado de memoria apostólica y martirial
La ceremonia tuvo lugar en un ambiente de profundo recogimiento. El Cardenal Harvey se arrodilló ante la imponente puerta roja —color que evoca la sangre del martirio de San Pablo— y la cerró solemnemente, sellando así uno de los grandes umbrales espirituales del Jubileo. Esta puerta había sido abierta el 5 de enero de 2025 y fue la última en inaugurarse dentro del Año Santo de la Esperanza.
La Basílica de San Pablo Extramuros, levantada sobre la tumba del apóstol que llevó el Evangelio a los pueblos no judíos, se convirtió durante estos meses en lugar de peregrinación, reconciliación y conversión. Con su cierre, el Jubileo concluye ya en tres de las cuatro basílicas papales, tras las clausuras previas de Santa María la Mayor en Navidad y de San Juan de Letrán el día anterior.
“La esperanza no defrauda”: un lema que se convierte en envío
Durante la Misa posterior al rito, el arcipreste subrayó que el cierre de la Puerta Santa no significa el final de la gracia, sino el término de un tiempo excepcional concedido por la Iglesia para avivar la fe. Recordó que, en la liturgia, lo que se clausura es siempre un período concreto, mientras que la misericordia de Dios permanece abierta de manera permanente.
En el lugar donde resuena con fuerza la memoria de San Pablo, el cardenal evocó el lema que ha acompañado todo el Jubileo: La esperanza no defrauda. No como una consigna decorativa, sino como una verdadera profesión de fe. Una esperanza —afirmó— que no engaña porque no se apoya en proyectos humanos frágiles, sino en el amor fiel de Dios, que nunca abandona a su pueblo.
El paso por la Puerta Santa fue descrito como un auténtico umbral espiritual: un gesto que invitaba a dejar atrás el peso del pecado, del miedo y del desánimo para entrar en el espacio de la misericordia. Cruzarla implicaba reconocer que la salvación nace de la entrega humilde a Cristo, el único capaz de dar sentido pleno a la existencia humana.
Una esperanza concreta, vivida y comprometida
El Cardenal Harvey destacó que tanto el Papa Francisco como el Papa León XIV han insistido en que la esperanza cristiana no es abstracta ni evasiva. Es concreta, encarnada y exigente. Una esperanza fundada en Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”, que impulsa al creyente a asumir su responsabilidad en medio del mundo.
El peregrino —señaló— no cruza la Puerta Santa para quedarse dentro, sino para ser enviado. Quien ha recibido el don de la gracia está llamado a regresar a la vida cotidiana como testigo creíble, llevando al trabajo, a la familia y a la sociedad aquello que ha experimentado en el encuentro con Dios.
En un contexto marcado por divisiones, conflictos y temores, la Iglesia —y cada bautizado— tiene la misión de mantener abierta la “puerta de la misión”. Porque el mundo, recordó el purpurado, sigue necesitando a Cristo y el anuncio de una esperanza que no defrauda.
El Jubileo continúa en la vida de los fieles
Con la clausura de la Puerta Santa de San Pablo Extramuros, el Jubileo de la Esperanza entra en su tramo final visible. Solo resta el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, que tendrá lugar el próximo 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, presidido por el Papa León XIV.
Sin embargo, como recordó el Cardenal Harvey, la verdadera herencia del Jubileo no se mide por puertas abiertas o cerradas, sino por corazones transformados. La conversión, la reconciliación y la esperanza sembradas durante este Año Santo están llamadas ahora a dar fruto en la historia concreta.
Así, desde la tumba del apóstol Pablo, la Iglesia despide un tiempo de gracia visible y abre un nuevo tiempo de responsabilidad, en el que cada fiel es enviado a ser signo vivo de esperanza en medio del mundo.
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