Custodiar el amor en tiempos de espejismos: El Papa León XIV llama a las familias a ser luz frente a un bienestar sin alma
30 de diciembre del 2025
En la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, celebrada por la Iglesia en el tiempo de Navidad, el Papa León XIV dirigió una exhortación directa y pastoral a las familias cristianas, invitándolas a proteger con decisión la “llama del amor” frente a los falsos modelos de felicidad que ofrece el mundo contemporáneo.
Desde la Plaza de San Pedro, antes del rezo del Ángelus, el Pontífice alertó sobre un bienestar “vacío y superficial” que promete plenitud, pero deja tras de sí soledad, miedo y rupturas profundas, especialmente en el seno de la familia.
Lejos de un discurso abstracto, el Papa situó su reflexión en el corazón mismo del misterio navideño, recordando que incluso en el relato luminoso del nacimiento de Jesús aparece pronto la sombra de la amenaza, la violencia y el rechazo. Y es precisamente ahí —subrayó— donde la familia se revela como el primer y más decisivo espacio de resistencia del amor.
“Cuando las familias custodian la llama del amor evangélico, se convierten en refugio frente a los falsos ídolos y en luz de esperanza para el mundo.”
Los “Herodes” de hoy y los mitos del éxito
El Santo Padre no dudó en trazar un paralelismo entre la figura bíblica de Herodes y algunas dinámicas actuales que condicionan la vida personal y social. Herodes, recordó, es el símbolo de quien vive dominado por el miedo: miedo a perder el poder, los privilegios, la seguridad construida sobre bienes frágiles. Ese temor lo conduce a la violencia y al aislamiento interior.
Según el Papa, también hoy el mundo sigue generando sus propios “Herodes”: los mitos del éxito a cualquier precio, del poder sin escrúpulos, del bienestar reducido al consumo y a la apariencia. Estos falsos ídolos —advirtió— prometen satisfacción inmediata, pero acaban produciendo profundas heridas: familias fragmentadas, corazones vacíos, relaciones marcadas por la desconfianza y la competencia.
Ante esta realidad, León XIV pidió a las familias cristianas no dejarse seducir por esos espejismos que, poco a poco, pueden sofocar la llama del amor verdadero. La propuesta cristiana, insistió, no es huida del mundo, sino discernimiento: aprender a reconocer qué valores construyen y cuáles destruyen la vida familiar.
La Sagrada Familia: refugio de Dios en medio de la prueba
Al comentar el Evangelio de la huida a Egipto, el Pontífice invitó a contemplar a Jesús, María y José no como una imagen idealizada, sino como una familia atravesada por la prueba. Sobre el “resplandeciente cuadro de la Navidad” —dijo— se proyecta de repente la sombra de una amenaza mortal que obliga a huir, a abandonar la seguridad y a confiar únicamente en Dios.
Frente a la dureza del corazón de Herodes, la Sagrada Familia aparece como “el nido y la cuna” de la respuesta divina a la violencia del mundo: un amor gratuito, silencioso y entregado sin reservas. En ese contexto, el Papa destacó especialmente la figura de san José, cuya obediencia concreta —ponerse en camino para proteger la vida— adquiere un profundo significado redentor.
“En Egipto —afirmó— crece la llama del amor doméstico a la que el Señor ha confiado su presencia en el mundo”. Allí, lejos de los focos y del reconocimiento, ese amor se fortalece y madura, preparándose para iluminar la historia entera. La familia, recordó el Papa, es el primer lugar donde Dios se hace cercano y visible.
Valores sencillos que mantienen viva la llama
León XIV concretó su exhortación señalando los pilares que permiten custodiar el amor en la vida familiar. No se trata de recetas complejas, sino de un realismo evangélico hecho de gestos cotidianos: la oración compartida, la frecuencia a los sacramentos —en particular la confesión y la Eucaristía—, el diálogo sincero, los afectos sanos, la fidelidad y la belleza de las palabras y acciones buenas de cada día.
Estos elementos, aparentemente pequeños, son los que preservan a la familia del desgaste interior y la convierten en un espacio de crecimiento humano y espiritual. El Papa subrayó que la fuerza del Evangelio no reside en propuestas extraordinarias, sino en la capacidad de transformar lo ordinario en lugar de encuentro con Dios. En este sentido, animó a las familias a no desanimarse ante las dificultades, recordando que el amor cristiano no es ingenuo ni frágil, sino capaz de atravesar la prueba y salir fortalecido de ella.
Familias llamadas a ser esperanza para el mundo
En la parte final de su mensaje, el Papa amplió la mirada hacia la misión social de la familia. Cuando el amor es custodiado y vivido con fidelidad, explicó, la familia se convierte en “luz de esperanza” para los entornos en los que vive: en los barrios, en el trabajo, en la educación de los hijos, en la vida comunitaria.
Así, la familia cristiana no solo se protege a sí misma, sino que se transforma en escuela de amor y en instrumento de salvación en las manos de Dios. León XIV encomendó finalmente a todas las familias a la intercesión de la Virgen María y de san José, pidiendo que sean signo eficaz de la presencia y del amor sin fin de Dios en el mundo.
Con esta llamada clara y esperanzadora, el Papa León XIV situó de nuevo a la familia en el centro del misterio cristiano: no como una realidad ideal e inalcanzable, sino como el lugar concreto donde, día a día, el amor de Dios puede vencer al miedo, al vacío y a la violencia.
Recibe las noticias de EWTN España por Whatsapp. Cada vez es más difícil ver noticias católicas en redes sociales. Suscríbete hoy mismo a nuestro canal gratuito.
Suscríbete a EWTN España
Mantente al día con nuestras noticias más importantes y recibe contenido exclusivo directamente en tu correo electrónico.
Otras noticias












