¿Tecnología que consuela o ilusión peligrosa? La Iglesia reflexiona sobre la IA y el duelo por los difuntos
29 de diciembre del 2025
El rápido avance de la inteligencia artificial vuelve a plantear interrogantes profundos sobre la vida, la muerte y la esperanza cristiana. En las últimas semanas, una aplicación capaz de recrear versiones digitales de personas fallecidas ha generado un intenso debate moral y espiritual.
¿Puede la tecnología ayudar a recordar a quienes amamos o corre el riesgo de sustituir el camino sano del duelo? Diversos expertos católicos advierten que estas herramientas, lejos de ser neutrales, pueden convertirse en un serio riesgo espiritual si se utilizan como un intento de “resucitar” a los muertos fuera del horizonte de la fe.
“Cuando la tecnología pretende reemplazar la esperanza cristiana, el recuerdo se convierte en ilusión y el duelo pierde su camino hacia la Resurrección”.
Una promesa tecnológica que inquieta conciencias
La polémica estalló tras la presentación de una aplicación basada en inteligencia artificial que permite reconstruir digitalmente a familiares fallecidos a partir de grabaciones de audio y vídeo. Sus promotores aseguran que esta tecnología permitiría que los seres queridos “sigan formando parte de nuestro futuro”, mostrando escenas de familias que interactúan con avatares de madres o abuelas muertas incluso años después de su fallecimiento.
Aunque algunos sectores tecnológicos han elogiado la innovación, las reacciones críticas no tardaron en llegar. Muchos denunciaron el carácter perturbador de la propuesta, alertando de un uso emocionalmente invasivo y de posibles derivas éticas, como la manipulación de la imagen de los difuntos con fines comerciales o publicitarios. Más allá del debate técnico, la cuestión central es espiritual: ¿qué lugar ocupa la muerte en la vida cristiana y cómo se vive el duelo a la luz de la fe?
El duelo cristiano: un camino doloroso pero redentor
Desde la enseñanza de la Iglesia, la muerte no es un final vacío, sino un paso hacia la vida eterna. El duelo, aunque profundamente doloroso, forma parte de un proceso humano y espiritual necesario. En este sentido, el Papa Francisco recordó que el duelo es “un camino amargo”, pero también una experiencia que puede abrir los ojos al valor sagrado e irrepetible de cada persona.
A través del sufrimiento, el creyente aprende a confiar más plenamente en Dios y a reconocer la fragilidad de la existencia. En la misma línea, el Papa León XIV ha exhortado a quienes lloran la pérdida de un ser querido a permanecer unidos al Señor, dejando que la gracia sostenga incluso el dolor más incomprensible. La esperanza cristiana, centrada en la Resurrección, no niega el sufrimiento, pero lo transfigura, recordando que la vida no termina en la tumba.
Avatares de IA: ¿memoria o confusión espiritual?
Varios expertos en bioética y pastoral advierten que las recreaciones digitales pueden alterar gravemente el proceso natural del duelo. El P. Michael Baggot subraya que estas réplicas no captan la riqueza del ser humano como unidad de cuerpo y alma, y pueden distorsionar la memoria real del difunto al generar interacciones ficticias que nunca existieron. El riesgo es confundir el recuerdo con una presencia artificial que impide aceptar la ausencia real.
Por su parte, Brett Robinson alerta de un auténtico “peligro espiritual”: la tecnología tiene capacidad para moldear nuestra percepción de la realidad y reconfigurar conceptos fundamentales como la identidad y la presencia. Si alguien que ya no vive puede “aparecer” mediante datos digitales, surge una pregunta inquietante: ¿con quién estamos realmente relacionándonos? Para Robinson, esta “nueva magia” tecnológica está desvinculada del orden espiritual querido por Dios y puede erosionar la fe en el destino eterno del hombre.
Acompañar el dolor sin sustituir la esperanza
Desde la experiencia pastoral, Donna MacLeod, con décadas dedicadas al acompañamiento de personas en duelo, recuerda que el sufrimiento necesita tiempo, comunidad y oración. Programas parroquiales de acompañamiento ayudan a descubrir que nadie está solo y que Cristo camina junto a quienes lloran. La tentación de aferrarse a una presencia artificial puede convertirse en una forma de negación, bloqueando el proceso de sanación interior.
La Iglesia reconoce el deseo humano de mantener un vínculo con los seres queridos, algo que se expresa legítimamente en la oración, la memoria agradecida y la comunión de los santos. Sin embargo, sustituir esta relación espiritual por un simulacro tecnológico puede confundir la fe y desdibujar la esperanza cristiana, que no se apoya en datos ni algoritmos, sino en la promesa viva de Dios.
En un mundo cada vez más marcado por la innovación digital, la Iglesia invita a discernir con prudencia. Recordar a los difuntos es un acto de amor; intentar retenerlos artificialmente puede convertirse en un obstáculo para confiar plenamente en Dios. La fe cristiana no busca revivir el pasado en una pantalla, sino caminar hacia la vida eterna sostenidos por la esperanza que nace del Evangelio.
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