Comenzar el año “con Dios”: miles de jóvenes europeos se reúnen en Francia en un signo vivo de unidad y esperanza
30 de diciembre del 2025
Mientras Europa se prepara para despedir el año y abrir un nuevo calendario, miles de jóvenes han elegido hacerlo de una forma contracultural y profundamente evangélica: comenzar el año “con Dios”. Desde el 28 de diciembre hasta el 1 de enero, 15.000 jóvenes de entre 18 y 35 años, procedentes de numerosos países del continente, se han dado cita en Francia para participar en el 48.º Encuentro Europeo organizado por la Comunidad de Taizé. Una auténtica peregrinación de confianza que convierte a la oración, la fraternidad y la escucha mutua en el corazón de la celebración del nuevo año.
París y toda la región de Île-de-France se han transformado durante estos días en un gran espacio de acogida, diálogo y fe compartida, en el que jóvenes católicos, protestantes y anglicanos testimonian que la unidad cristiana no es una idea abstracta, sino una experiencia concreta que se vive caminando juntos.
“Miles de jóvenes eligen comenzar el año con Dios, demostrando que la oración compartida y la fraternidad siguen siendo una fuerza capaz de unir a Europa.”
Una peregrinación ecuménica marcada por la oración y la amistad
El Encuentro Europeo de Taizé no es un congreso ni un festival al uso. Se trata de una peregrinación interior y comunitaria, en la que la oración ocupa un lugar central. Cada día, los jóvenes participan en momentos de silencio, cantos meditativos y lecturas bíblicas que se celebran en algunas de las principales iglesias de París y, por las tardes, en el Accor Arena, un espacio con capacidad para más de 20.000 personas que se convierte en un auténtico templo de recogimiento y alabanza.
Cerca de 60 hermanos —de los aproximadamente 80 que forman la comunidad— acompañan espiritualmente a los participantes, fieles al carisma fundacional de Taizé: ser un signo visible de reconciliación entre cristianos y entre pueblos. A lo largo del encuentro, los jóvenes participan también en talleres, iniciativas solidarias y testimonios de esperanza que les ayudan a confrontar su fe con los desafíos reales del mundo actual.
Salir de los algoritmos para volver a la escucha
El prior de la comunidad, el hermano Matthew Thorpe, ha subrayado que este encuentro es una invitación clara “a salir de nuestros algoritmos”. En un mundo marcado por la polarización digital y las burbujas ideológicas, Taizé propone una experiencia radicalmente distinta: la escucha real del otro, la apertura del corazón y la acogida sin etiquetas.
En este contexto, el encuentro ha incorporado también un centro de escucha psicológica, ubicado en la iglesia Notre-Dame de l’Arche d’Alliance, destinado a acompañar a jóvenes que han sido víctimas de abusos. Un gesto concreto que pone de manifiesto la voluntad de la comunidad de ofrecer un espacio seguro, humano y sanador, donde nadie quede solo con su herida.
Según el prior, este tiempo compartido permite a los jóvenes “escuchar a Cristo en lo más profundo de su ser” y fortalecer su camino personal de fe, para regresar después a sus países como peregrinos de paz y esperanza en sus comunidades locales, en sus estudios, trabajos y compromisos sociales.
Hospitalidad, diversidad y comienzo del año “con Dios”
La dimensión comunitaria del encuentro se extiende también a la vida cotidiana. Cientos de familias de París y de Île-de-France han abierto generosamente las puertas de sus casas para acoger a los jóvenes, junto con parroquias, colegios y polideportivos. Esta hospitalidad sencilla y concreta se convierte en un verdadero signo evangélico que deja huella en quienes la reciben y en quienes la ofrecen.
Desde España, participan numerosos jóvenes, entre ellos miembros de la delegación de la Archidiócesis de Madrid. Para Pedro del Río Granado, de 22 años, estudiante de Magisterio y Pedagogía, este encuentro supone “una experiencia muy importante” y una oportunidad privilegiada para iniciar el año desde la fe, la oración y el discernimiento.
El hermano Alois, segundo prior de Taizé, ha destacado que este tipo de encuentros ayudan a comprender el Evangelio desde la vida y a mostrar que, más allá de las diferencias, “hay algo que nos une en Europa y que nos mantiene juntos”: la fe en Cristo y el deseo de fraternidad.
Un mensaje profético para los jóvenes de Europa
Pocos días antes del inicio del encuentro, el Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, dirigió un mensaje a los jóvenes participantes en el que subrayó la urgencia de su testimonio en el mundo actual. Recordó que la sociedad necesita su claridad de mirada, su valentía y su capacidad de esperanza, y los animó a convertirse en constructores de paz, capaces de resistir la violencia, la exclusión y el desprecio por el otro.
Su llamamiento conecta profundamente con el espíritu de Taizé: una fe humilde, vivida no como poder, sino como servicio, y encarnada en gestos concretos de reconciliación y compromiso. En un continente herido por divisiones y desencantos, el Encuentro Europeo de Taizé vuelve a recordar que la esperanza cristiana no es evasión, sino una decisión concreta de caminar juntos, escuchar al otro y dejar que Dios marque el inicio de cada nuevo año.
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