De la noche al amanecer: la religiosa italiana que devuelve dignidad y esperanza a las víctimas de la trata
30 de diciembre del 2025
Una llamada dentro de la llamada
Hace una década, la hermana Venditti experimentó lo que ella misma describe como “una llamada dentro de la llamada”. No se trataba solo de su vocación religiosa, sino de un envío concreto: salir al encuentro de las mujeres víctimas de la trata, mirarlas a los ojos y ofrecerles una alternativa real.
Esa misión, vivida inicialmente con temor e incertidumbre, se fue convirtiendo en un camino de fidelidad cotidiana. Junto a otras hermanas y voluntarias, comenzó a recorrer de noche las zonas donde mujeres y niñas eran explotadas, muchas de ellas engañadas con falsas promesas o sometidas por amenazas, chantajes y violencia extrema.
El hábito religioso, explican, abre una primera puerta, pero no basta. La confianza se construye lentamente, con presencia constante, escucha silenciosa y una cercanía que no exige nada a cambio. Solo después de muchos encuentros, cuando la amistad ha echado raíces, llega la invitación a cambiar de vida.
Un hogar donde volver a empezar
Para aquellas mujeres que aceptan dar el paso, existe un lugar seguro: el refugio Oasi Madre Clelia, en Abruzzo. Allí no solo se ofrece protección, sino un acompañamiento integral que abarca la sanación emocional, la recuperación de la dignidad personal y la reconstrucción de una vida libre.
La hermana Lucía Soccio, compañera de misión de Venditti desde hace años, explica que el compromiso asumido va mucho más allá de una ayuda puntual. “Hemos elegido ser una familia”, afirma. Eso implica compartir la vida diaria, caminar junto a ellas en sus heridas y también en sus pequeños logros.
El proceso es exigente, pero profundamente evangélico. Se trata de encarnar una Iglesia que no abandona, que no se limita a rescatar, sino que permanece. Una Iglesia que cree que toda persona puede renacer cuando es amada sin condiciones.
Una misión sostenida por la Providencia
La obra que sostienen estas religiosas se apoya en la confianza radical en la Providencia. Para financiar su labor, han creado la asociación Amigos del Oasis de Madre Clelia, reciben donaciones y también trabajan con sus propias manos, elaborando artículos artesanales que venden en mercados locales.
La hermana Venditti, además, ha escrito un libro dirigido a jóvenes, El Narciso Rebelde, como prolongación de su deseo de educar en una cultura del respeto y de la interioridad. Todo, subraya, nace de una misma fuente: la certeza de que esta misión no es suya, sino de Dios.
Con el paso de los años, el horizonte se ha ampliado. Hoy, el oasis acoge no solo a mujeres víctimas de trata, sino también a jóvenes maltratadas, personas trans y personas en situación de extrema pobreza. El criterio es siempre el mismo: quien necesita ser acogido, encuentra una puerta abierta.
La misericordia que transforma los rostros
El contacto diario con el sufrimiento ha marcado profundamente a las hermanas. Escuchar historias de violencia y humillación rompe el corazón, reconoce la hermana Soccio, pero también revela hasta qué punto el mal crece cuando falta la experiencia de la misericordia.
Por eso, el mensaje que la hermana Venditti repite incansablemente a las mujeres que encuentra es sencillo y radical: Dios no abandona a sus hijos. No siempre el cielo está cubierto, insiste; también hay sol para quienes han vivido demasiado tiempo en la oscuridad.
Lo que más conmueve a esta religiosa no son solo las historias superadas, sino el cambio visible en los rostros: mujeres que pasan de la desesperación a la serenidad, de la mirada apagada a la esperanza recuperada. Es ahí donde la fe se vuelve concreta, palpable.
“Dios no abandona a sus hijos: incluso en la noche más oscura, la misericordia puede transformar la desesperación en serenidad.”
Una fe fortalecida en el encuentro
Lejos de debilitarla, el contacto con las fragilidades humanas ha fortalecido la fe de la hermana Venditti. Vivir el Evangelio, afirma, exige confrontarse con el dolor del otro, dejarse tocar por sus heridas y responder con amor.
En ese intercambio misterioso, quienes llegan rotos terminan también evangelizando a quienes los acompañan. Porque, como recuerda esta religiosa italiana, no hay modo auténtico de seguir a Cristo si no se le reconoce en los más vulnerables.
La historia de la hermana Carla Venditti es un testimonio vivo de que el Evangelio, cuando se encarna sin miedo, sigue siendo una fuerza capaz de rescatar vidas, sanar heridas y devolver la dignidad allí donde parecía definitivamente perdida.
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