“Vaciarse para dejar actuar a Dios”: el Papa León XIV invita a una fe más interior y disponible

30 de diciembre del 2025
Isabel

En el marco del Año Jubilar, el Papa León XIV ofreció una profunda catequesis espiritual al recibir en audiencia, en el Palacio Apostólico del Vaticano, a un grupo de peregrinos de la parroquia Santo Tomás de Villanueva, procedentes de Alcalá de Henares (España).


En sus palabras, el Pontífice subrayó una clave esencial de la vida cristiana: para permitir que Dios actúe en nuestra vida es necesario “vaciarse de uno mismo”, cultivar la interioridad y aprender a escuchar al Señor con un corazón libre de protagonismos.


El encuentro se desarrolló en un clima de cercanía y comunión eclesial, que el Papa agradeció expresamente, destacando el valor de la oración y del acompañamiento espiritual al Sucesor de Pedro como signo tangible de unidad en la Iglesia.

“Solo cuando el corazón se vacía de sí mismo puede Dios actuar plenamente y convertir la vida en un don para los demás.”

Un Jubileo que invita a la conversión interior


El Santo Padre enmarcó la audiencia dentro del significado profundo del Año Jubilar, al que definió como “un tiempo particularmente significativo para la Iglesia”, destinado no solo a gestos externos de peregrinación, sino a una auténtica renovación interior. Agradeció a los fieles su cercanía espiritual, su generosidad y su oración constante, calificándolas como un gesto concreto de comunión y de amor a la Iglesia.


En este contexto jubilar, León XIV recordó que la verdadera conversión comienza en lo profundo del corazón y exige una actitud de disponibilidad total ante la acción de Dios. No se trata de hacer más cosas, sino de dejar espacio al Señor para que sea Él quien transforme la vida del creyente.

Santo Tomás de Villanueva, un corazón abierto a Dios

Al dirigirse a los peregrinos, el Papa evocó la figura de Santo Tomás de Villanueva, patrono de la parroquia visitante, presentándolo como un ejemplo luminoso de disponibilidad a la gracia.


Recordó que fue un obispo y religioso agustino profundamente abierto a la acción de Dios, y que esa apertura fue la fuente de un inmenso bien derramado sobre los demás. León XIV destacó que la fecundidad apostólica del santo español no nació del activismo, sino de una vida espiritual intensa, marcada por la oración constante y por lo que definió como una “santa inquietud” por permanecer siempre en la presencia de Dios. Esa actitud —explicó— supone una profunda interioridad y exige vaciarse de uno mismo para escuchar y dejar obrar al Señor.



Talentos al servicio de la comunidad, no del ego


El Pontífice subrayó también otros rasgos distintivos de Santo Tomás de Villanueva: su sobriedad y sencillez de vida, su trabajo abnegado —especialmente en el ámbito universitario— y su ardiente celo apostólico. Todos estos elementos, afirmó, constituyen una llamada actual para los cristianos de hoy.


En un mundo que ofrece soluciones rápidas y éxitos fáciles, el Papa exhortó a los fieles a reconocer los talentos recibidos no como motivo de autoafirmación, sino como un don que debe ponerse al servicio de la comunidad, con esfuerzo, constancia y generosidad. Solo así —señaló— esos talentos se multiplican y producen fruto en beneficio de todos. Esta llamada adquiere un especial relieve en la vida parroquial, donde la corresponsabilidad y el servicio desinteresado se convierten en un verdadero camino de santificación cotidiana.



El amor a los pobres, lugar de encuentro con Cristo


En la parte final de su mensaje, León XIV quiso destacar un rasgo central de la espiritualidad de Santo Tomás de Villanueva (1486–1555), conocido históricamente como el “Arzobispo de los Pobres” o el “Limosnero de Dios”. Su inmensa caridad no fue un añadido a su fe, sino una consecuencia directa de su unión con Cristo.


Dirigiéndose a los peregrinos, el Papa agradeció la sensibilidad concreta de su comunidad parroquial hacia los más necesitados y recordó una enseñanza fundamental de la tradición cristiana: “el pobre no es solo alguien a quien se ayuda, sino la presencia sacramental del Señor”. En el rostro del necesitado —insistió— el cristiano está llamado a reconocer a Cristo mismo.



Con esta exhortación, el Papa León XIV dejó a los peregrinos —y a toda la Iglesia— una invitación clara y exigente: profundizar en la interioridad, vivir con sencillez y poner los talentos al servicio, para que la acción de Dios transforme no solo la vida personal, sino también la comunidad y el mundo.


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