“¿Qué buscas?”: el Papa León XIV invita a los jóvenes de Europa a afrontar la gran pregunta de la vida
29 de diciembre del 2025
En un tiempo marcado por la incertidumbre, las prisas y las respuestas rápidas, el Papa León XIV ha dirigido una llamada clara y profunda a los jóvenes de Europa: detenerse y escuchar la pregunta esencial que habita en el corazón de todo ser humano.
Así lo expresa en el mensaje enviado a los participantes del 48º Encuentro Europeo de Jóvenes, organizado por la Comunidad de Taizé, que se celebrará en París del 28 de diciembre al 1 de enero. Un mensaje que no ofrece recetas inmediatas, sino un camino: oración, silencio y confianza en que Cristo se deja encontrar por quienes lo buscan con sinceridad.
“No teman la gran pregunta de su corazón: buscada en oración y silencio, conduce siempre al encuentro con Cristo.”
La pregunta que atraviesa toda una vida
El tema elegido para este encuentro, ¿Qué buscas?, no es una simple consigna espiritual. En la carta transmitida en nombre del Papa —firmada por el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin— se subraya que se trata de una cuestión radical, capaz de orientar toda la existencia. No es una pregunta para responder de forma apresurada, sino para acogerla con valentía, dejarla resonar en el interior y presentarla ante Dios.
El Papa anima a los jóvenes a no huir de este interrogante, tan presente en las etapas decisivas de la vida, sino a afrontarlo “en oración y silencio”, con la certeza de que Cristo no permanece distante, sino que camina junto a quien lo busca con corazón sincero. En un mundo que empuja a decidir rápido y sin profundidad, el Pontífice propone un camino contracultural: escuchar, discernir y confiar.
París, lugar de encuentro y hospitalidad
El encuentro reunirá a unos 15.000 jóvenes de entre 18 y 35 años procedentes de distintos países de Europa y otros continentes. Acogidos por parroquias y comunidades cristianas de diversas confesiones en la región de Île-de-France, los participantes compartirán días de oración, reflexión y convivencia fraterna en un ambiente marcado por la alegría y la amistad.
La ciudad de París, recuerda el mensaje papal, está profundamente marcada por un rico patrimonio espiritual, forjado por generaciones de creyentes y testigos del Evangelio. En este contexto, la hospitalidad ofrecida a los jóvenes se convierte en un signo elocuente en un final de año atravesado por conflictos, tensiones sociales y heridas abiertas en la familia humana. El simple hecho de reunirse para rezar y escucharse mutuamente es ya un mensaje poderoso para el mundo.
Taizé: un signo vivo de reconciliación
La Comunidad de Taizé, fundada por el Hermano Roger y compuesta hoy por unos ochenta hermanos de distintas confesiones cristianas y casi treinta países, sigue siendo un referente vivo del ecumenismo espiritual. Su vocación es clara: ser un signo tangible de reconciliación entre cristianos divididos y entre pueblos separados por la historia, la política o la violencia.
A lo largo del año, miles de jóvenes pasan por Taizé buscando un espacio donde plantear preguntas profundas sobre su vida, su fe y su futuro. El Papa León XIV reconoce y valora esta misión, destacando la fidelidad de la comunidad a su carisma original y su capacidad para ofrecer a los jóvenes un entorno donde el silencio, la oración y la sencillez abren caminos de encuentro con Dios.
Peregrinos de esperanza en un mundo herido
En su mensaje, el Papa no se limita a una invitación interior. Llama a los jóvenes a convertirse en “peregrinos de confianza”, capaces de llevar esperanza allí donde viven y trabajan. En un mundo herido por la violencia, la polarización y el desencanto, la fe cristiana no puede quedarse en el ámbito privado, sino que está llamada a traducirse en gestos concretos de paz, reconciliación y fraternidad.
Al aproximarse la clausura del Año Jubilar y al recordar el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, el Papa vuelve a insistir en que el deseo de plena comunión entre los cristianos va inseparablemente unido a la búsqueda de la fraternidad entre todos los seres humanos. La reconciliación —subraya— no es solo una tarea eclesial, sino un clamor que surge de una humanidad cansada del conflicto y la violencia.
Una bendición para el camino
El mensaje concluye encomendando a los jóvenes, a la Comunidad de Taizé y a su misión ecuménica a la intercesión de la Virgen María, pidiendo que estos días de encuentro ayuden a profundizar la fe y a discernir cómo vivir el Evangelio en las realidades concretas de cada vida. El Papa les imparte su Bendición Apostólica, como impulso para un camino que no termina al acabar el encuentro, sino que continúa en la vida cotidiana.
En un cambio de año marcado por desafíos globales y búsquedas personales, la invitación del Papa León XIV resuena con fuerza: atreverse a preguntar, a escuchar y a caminar con esperanza, sabiendo que quien busca con sinceridad nunca camina solo.
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