De nuevo, el cielo

15 de febrero de 2025
De nuevo, el cielo
¿Cuántas veces se ha hablado del Cielo en estas reflexiones? Como en muchas de ellas, el tema es inagotable y nos gusta escribir sobre ello debido a la firme esperanza de que, por la Infinita Misericordia de Dios, podamos alcanzarlo algún día… todos.

En uno de los Pasajes del Santo Evangelio, Nuestro Señor les dice a Sus discípulos – y nos lo dice a nosotros – que se va para preparar un lugar para que estemos con Él.

En el Capítulo 14 del Evangelio de San Juan leemos textualmente: “No se turbe vuestro corazón. Si ustedes creen en Dios, crean en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les hubiera dicho que voy a preparar un lugar para ustedes?”.

Cristo Jesús está consolando a Sus discípulos después de que les había explicado que era necesario que “el Hijo del Hombre” tuviera que padecer, indicándoles la forma como iba a morir… para después resucitar glorioso.

En esos momentos, “la noche en que iba a ser entregado”, Cristo Nuestro Señor nos anticipó algo del Cielo, al instituir el Sacramento de la Comunión, donde recibimos Su propio Cuerpo y Su propia Sangre, Pan y Bebida de salvación”.

Las “muchas habitaciones” de las que habla Cristo, son los lugares donde finalmente descansaremos gozosos cuando termine nuestro peregrinar por este mundo. Desde luego – como ya se dijo en el tema relativo – el Cielo no es algo físico o material, como puede ser nuestra casa, el edificio del trabajo, la escuela o cualquier otro lugar.

«Cristo Nuestro Señor nos anticipó algo del Cielo, al instituir el Sacramento de la Comunión, donde recibimos Su propio Cuerpo y Su propia Sangre, Pan y Bebida de salvación.»

Es por ello que resulta muy hermoso y magnífico pensar que Él regresará al final de los tiempos para que podamos estar eternamente en la “casa de Su Padre”, donde ya no habrá ni llanto, ni dolor, angustias, tristezas o penas, sino al contrario, “algo” que ni siquiera nos podemos imaginar, pero eso fue lo que Cristo nos dijo y nos prometió.

Hay que repetirlo. Nuestro Señor expresó esas palabras un día antes de que comenzara Su Pasión y Su Sufrimiento para, finalmente, morir en una Cruz y, si queremos seguirlo, debemos tomar nuestra propia cruz, para después tomar posesión de la habitación que nos tiene preparada.

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